jueves, 16 de abril de 2015

Lecturas de don Juan: 'Limónov'

Limónov
Emmanuel Carrère
Anagrama
Barcelona, 2013


No le gusta mucho a don Juan esta moda de las novelas que parecen historia o biografía, pero que son novelas —o viceversa—, ni tampoco los nombres con que se las quiere dignificar. De modo que no lee a Javier Cercas, por ejemplo. Pero su hijo le recomendó Limónov. Don Juan es fácil de convencer para que empiece un libro; para que llegue a terminarlo ya es otra cosa: lee solo los libros que logran interesarle y no duda en abandonar los que no lo consiguen, porque "a mi edad —dice él— no está ya uno para perder el tiempo". Y Limónov le ha gustado, francamente.
Carrère, que es bastante conocido en España, escribe bien; es decir, domina la técnica de contar historias combinando equilibradamente los ingredientes, dosificando las claves, manejando el ritmo y expresándose en un lenguaje claro, sin obstáculos, accesible a cualquier lector: de ahí su éxito. No es un genio de la literatura, pero sus libros tienen buen nivel: sobrepasan el mero entretenimiento, y no tienen por qué decepcionar a los exquisitos.
Y, además, aquí cuenta con un personajes formidable: Eduard Veniamínovich Savienko, o sea, Limónov —cuyo apodo proviene del nombre con que se designan en ruso las granadas de mano—. Si alguno de ustedes está al tanto de la política rusa sabrá algo de él: que fundó un partido nacional-bolchevique (no han leído mal), que confluyó con Kaspárov en contra de Putin, que se ha significado en protestas contra la represión como las que se originaron tras el asesinato de la periodista Anna Politkóvskaia, y que escribe... Pero antes había hecho otras muchas cosas no muy convencionales en Rusia, en Ucrania, en Estados Unidos, en Francia, en Serbia: desde luego, un ser humano extraordinario para lo bueno y para lo malo que funciona estupendamente como protagonista de novela. Aunque esto no es una novela... o sí.
Lo que a don Juan más le ha interesado es el retrato de los últimos tiempos de la Unión Soviética, de su descomposición y de su fracaso. Si este era el hombre nuevo que se pretendía crear desde 1917, Rusia ha desperdiciado un siglo y tardará en recuperarse de las secuelas.
En fin, léanlo, que no se arrepentirán. Y, si les quedan ganas, pueden leer también Soy yo, Édichka, una autobiografía del propio Limónov que edita Marbot. Entre los dos se gastarán unos cuarenta euros. Por si no les sobra el dinero, a don Juan —qué cosas— le ha gustado más el de Carrère.