domingo, 30 de agosto de 2015

'Caridad'

Le pedí a don Juan que me comentara el primer libro de Horcajada, de quien tantos elogios hizo aquí en primavera. Hoy me escribe esto:
Querido amigo:
Le decía yo no hace mucho que Horcajada era un poeta en agraz. Pues bien, a la vista de este primer libro que publica, tengo que corregirme: Horcajada es ya un joven poeta en sazón. Me alegro enormemente por él, por la poesía que se hace en Almagro cuya calidad mejoray por los lectores.
Como tantas otras primeras obras, Caridad —que así se llama el libroes un poemario amoroso. Los viejos, por viejos, sabemos que todas las historias de amor son iguales y pasan por idénticas etapas desde el deslumbramiento celestial del principio hasta la extinción, sea esta lacerante o sumergida en el tedio. De ahí que en los poemas de amor nos importen bien poco los hechos y los sentimientos reales de los protagonistas: nos los sabemos. Lo que de verdad nos importa es la concreción de estos hechos vicisitudes, aprensiones, fantasías, gozos, dolores...en poema. O, por decirlo pronto, todos hemos vivido experiencias amorosas, pero solo unos pocos los verdaderos poetas— son capaces de sacar de ellas, como quien encuentra un tesoro, poemas dignos de este nombre. Y eso, obviamente, se logra por procedimientos literarios. Puesto que, además, en todas las culturas la expresión literaria del amor está codificada desde antiguo, el verdadero poeta es quien destila una cosa común el amoren producto artístico original teniendo plena conciencia de cómo han hecho lo mismo antes otros artistas mejores que él pues es conveniente que, al menos al principio, el aspirante a poeta se atenga a esta presunción.
Horcajada lo consigue: o sea, el poeta Horcajada convierte en materia poética que nos concierne las venturas o desventuras amorosas del ciudadano Horcajada, que nos traen sin cuidado. El libro guarda los tópicos en el buen sentido de la palabrade la poesía amorosa, la amada cumple también las reglas: inalcanzable e inmerecida, desciende a veces a la altura del poeta, se muestra esquiva o indiferente, provoca celos, alienta esperanzas... Pero el poeta traduce todo ello en sesenta y cinco poemas nada tópicos sino originales. La mayoría van destinados a la amada en la segunda persona apelativa, unos pocos usan la tercera persona para la descripción objetiva y distanciada de hechos o sentimientos, bastantes se dirigen, en segunda persona del plural, al hipotético público de lectores ante quienes se representa —como una liturgia: feligreses aceptados, nos llama— este que es verdadero drama, y en unos cuantos muy significativos y de los mejoresel poeta se habla a sí mismo en segunda persona. Los dos poemas finales el LXIV, largo, dividido en tres partes, y el LXV, mucho más brevedan la clave de todo el libro. El penúltimo, donde se nombra por primera vez a la amada la Caridad que, ahora nos enteramos, da título al libro—, hace de resumen, incluso de epifonema, de todos los anteriores; el último diagnostica muy bella y fatalmente, pero en tono sereno, nada declamatorio, los efectos que ha producido en el alma del poeta: el amor es un camino irreversible que, paradójicamente, devuelve al poeta al sitio de partida, pero transformado: ya no es el mismo, sabe más, aunque esta sabiduría ¿cómo todas?sea dolorosa y excluya, agorera, cualquier atisbo de esperanza.
En el libro Horcajada despliega una gran variedad de recursos, los usa con maestría, se aleja claramente de lo que ha sido y, por desgracia, sigue siendo— común en los poetas provinciales y en la tribu trivial de la experiencia; y logra expresarse con una voz distinta, ya inconfundible y muy rica, que nos pide a los lectores atención y respeto. Atentos, pues, a este poeta.
Ahora, los defectos. No son muchos; es más, puede que algunos, más que defectos de Horcajada, sean manías mías, pero ahí van por si le parece oportuno mirarlos un poco:
a) La puntuación: optar por un sistema u otro de puntuación es facultad libérrima del poeta, pero, una vez tomada la opción, hay que seguirla hasta el final. Aquí se observan descuidos abundantes.
b) Rima: hay dos o tres poemas rimados. Desalentadores.
c) Lenguaje formulario: la lengua poética debe estar siempre en la máxima tensión, ser siempre significativa; por lo tanto, salvo que se haga a propósito y con propósito, es inadmisible caer en muletillas de la prosa burocrática, periodística, científica, televisiva... Y aquí nos encontramos expresiones como lo nuestro no funciona, empezar de cero, diamante en bruto, carencias afectivas, pensar en ti como persona... Y algunas más.
d) Vulgarismos: hay unos pocos leísmos que llaman la atención y dos laísmos horrorosos que desgracian cualquier poema por bueno que sea. Y, más grave, un a salvo mía imperdonable
e) Edición: manifiestamente mejorable, incluidos los paratextos.

Pero nada de ello le quita mérito a un primer libro de excelente calidad. Felicite a Horcajada en mi nombre cuando lo vea.

(Jesús Miguel Horcajada. Caridad. MRV Editor Independiente. 2015. 11 euros en papel; 3,76 euros en electrónico)