domingo, 2 de octubre de 2016

Penas socialistas

Don Juan no ha venido hoy. Quizá no venga en todo el mes, porque el martes empieza el tratamiento de radioterapia. Esta mañana le he preguntado qué le parecía lo del PSOE. Por correo electrónico me contesta lo siguiente:
Querido amigo:
Ya sabe que nunca he votado al PSOE, y desconozco absolutamente sus interioridades. Sin embargo, estoy convencido de que un partido socialdemócrata fuerte, serio y cohesionado es imprescindible para la salud de cualquier democracia europea: de hecho —aunque no me atrevo a decir qué es causa y qué es efecto— las convulsiones actuales de muchas democracias europeas coinciden con la crisis que vive la socialdemocracia en varios países importantes.
Solo por eso me pongo a escribirle, a vuelapluma y sin ninguna pretensión de sentar cátedra, lo que se me viene ahora a la cabeza:
a) El espectáculo que han dado los llamados críticos no tiene justificación ninguna. Cualquiera que haya participado en el movimiento debería quedar marcado para siempre y —al menos, durante un tiempo— excluido de cargos internos.
b) El motín del que ha sido víctima no borra los errores de Sánchez: los que comentábamos el domingo pasado.
c) Hay quienes dicen —nuestro amigo Martínez Carrión, entre otros— que el PSOE necesita refundarse. No sé exactamente lo que eso significa. Pero sí creo que los socialistas, si quieren seguir jugando un papel de lustre en la democracia española, deben replantearse tres cuestiones: la ideología, la organización y el liderazgo. En cuanto a la ideología, lo mejor para España, me parece, es un partido socialdemócrata clásico; o sea, que asume la democracia parlamentaria y las libertades tal como se entienden en Europa; que acepta sin reservas mentales el capitalismo, pero que lo somete a normas estrictas y no renuncia a la intervención pública en sectores estratégicos como la banca, la energía o los transportes; que garantiza el llamado estado del bienestar mediante un sistema fiscal justo y progresivo; que es firme partidario de la unidad de España, pero no le incomodan las distintas sensibilidades patrióticas que en ella hay, y está dispuesto a reconocerlas políticamente; y que se siente a gusto en la Unión Europea y en la OTAN. En cuanto a la organización, debería conjugar armónicamente —y es muy difícil, lo reconozco— la legitimidad tradicional de un partido de cuadros —la que disfrutan los candidatos a diputado, por ejemplo— con la surgida de la democracia directa —la que tenía el pobre Sánchez—, dando a los militantes de base mayor protagonismo y asegurando el acceso a los cargos por mérito y capacidad, no por asentimiento. Y, por último —por último, en todos los sentidos: es decir, que no pueden empezar la casa por el tejado—, deben procurarse un líder solvente y atractivo dentro y fuera del partido. Bien sé que todo esto es más difícil de hacer que de decir, pero doctores tendrá la iglesia…
d) El PSOE no se va a romper. Desde el día siguiente a la fundación ha demostrado ser más una patria que un partido. Por eso ha sobrevivido a disensiones internas gravísimas. Ahora bien, si se empeñan, pueden pasar muchos años en la más absoluta irrelevancia.
e) El principal enemigo para la supervivencia del PSOE es Podemos. Con él es con quien deben marcar claramente la linde, cosa que, por otra parte, no es tan difícil.
f) ¿Qué pasará en los próximos meses? Lo ignoro. No creo que le ofrezcan a Rajoy una abstención sin condiciones, porque ello equivaldría a traicionar a muchos militantes y votantes. Creo, incluso, que Rajoy tal vez se permitiera despreciar el ofrecimiento —ya sabe: Roma no paga a los traidores— y forzar las terceras elecciones, que ganaría sin despeinarse.
g) ¿Se presentará Sánchez a unas hipotéticas primarias? Con los partidarios sobrevenidos que le han brotado, es probable que saliera vencedor. Por lo tanto, tendrán que buscar alguna manera de cerrarle el paso.
h)…
Podría seguir divagando —hablar de los dirigentes de su región, de alguna diputada de su provincia que parece estar secuestrada, de Felipe González, de El País—, pero estoy cansado de perder el tiempo en asuntos que me han de dar resueltos. De modo que salgo a pasear un rato por el barrio en esta hermosa mañana de domingo, ocupación más fructífera que cualquier especulación política.
Un abrazo.
Los amigos de la tertulia han leído también el correo. Le hacemos caso a don Juan: tomamos una copa y salimos a disfrutar de la tarde.