domingo, 12 de junio de 2016

¿Unidxs? ¿Unid@s? Unidos

Fe es creer lo que no vimos, decían los catecismos antiguos —el del padre Astete, por ejemplo—. Podrían haber añadido: y es muy probable que no lleguemos a ver.
—Clarín escribió que fe es creer lo que no vimos como si lo hubiéramos visto —me atrevo a decir.
Don Juan me mira con un punto de intriga.
—Yo también leo algo, don Juan —casi pido disculpas.
—Hace muy bien. Clarín es formidable; el libro del que saca usted la frase, menos conocido de lo que merece. Las cavilaciones deberían ser la propedéutica de cualquier aforista de nuestro tiempo: quizá la plaga se mitigase. Pero no ha citado usted la cavilación entera.
—No recuerdo cómo termina.
—Termina diciendo que ese es el error de la fe. O sea, que creer algo que no vimos como si lo hubiéramos visto no es fe: es credulidad. Solo los pánfilos o los desesperados descienden intelectualmente tan bajo.
—¿De qué estamos hablando? —pregunta un despistado— ¿De literatura? ¿De teología?
—De literatura, sí. Solos de Clarín se publicó hace ciento treinta y tantos años, pero es más moderno que casi todo lo que se publica hoy. De teología, no: de política; de la campaña electoral, concretamente.
El despistado se encoge de hombros; levanta desmesuradamente las cejas: desde luego, no se acaba de enterar. Don Juan continúa.
—Las campañas electorales serán zafias, romas, brutas, aburridas… lo que ustedes quieran, pero siempre resultan dignas de estudio.
—Y, entonces, ¿a qué vienen los catecismos? —se reincorpora el despistado.
—Los políticos, de la clase que sean, dan por supuesto que tienen una parroquia más o menos amplia que les perdonará todo: los que creen lo que no vieron como si lo hubieran visto; los que, por ejemplo, han visto a Rajoy bajar los impuestos, subir las pensiones, eliminar deuda y déficit, salvaguardar derechos, perseguir la corrupción… A esos no es fácil perderlos: a esos puede el pastor dejárselos descuidados en el redil —no se escaparán— para ir a buscar a las ovejas descarriadas; a quienes no son tan incondicionales; a quienes quizá tengan fe, pero no tragaderas tan anchas. Luego, si fuera posible, se trata de atraer a los ateos impenitentes o a los apóstatas de otras religiones.
—¿Cómo?
—Por un procedimiento bastante burdo, pero asombrosamente eficaz: diciéndoles lo que quieren oír. Parece mentira que siga dando resultados.
—¿En todos los sectores por igual?
—No. En ciertos rincones abunda la gente reacia. Individuos escépticos, pertinaces, críticos, duros de corazón y ágiles de mollera que no se dejan influir fácilmente. El PSOE hay muchos: miren ustedes, sin ir más lejos, a nuestro amigo Sixto Rol.
—Por eso —por esos— perderá las elecciones.
—No. Gracias a esos, el PSOE no desaparecerá. Perder las elecciones, si las llegara a perder ¿detectan las encuestas el nicodemismo, la taqiyya?, las perderá por otras cosas, entre ellas porque en la competencia hay mucho crédulo.
—¿También en Podemos?
—Una multitud. Podemos, o Unidos Podemos, es una etiqueta, un significante —por usar la jerga pedante y tonta de sus jefes— de significado impreciso, difuso, adaptable, que sirve lo mismo para un roto que para un descosido —ya lo dijimos aquí— y puede contentar a casi todos.
—Y ¿cómo explica esta superabundancia de crédulos?
—No sé explicarla: quizá el hartazgo de los demás, el atractivo de la moda, la desesperación de muchos ante las penurias que pasan, el milenarismo…
—No han gobernado nunca: démosles el beneficio de la duda.
—No han gobernado, es cierto, pero tenemos un espejo mágico que nos muestra cómo gobernarán: Grecia. Hace un año por estas fechas a la tribu de Iglesias no se le caía Grecia de la boca. Ya no la mientan. ¿Por qué? Porque el espejo de Grecia los saca feos. Alexis Tsipras —afortunadamente para los griegos— está haciendo la política que debe, no la que sus partidarios españoles esperaban. Si Iglesias llegara a gobernar haría lo mismo.
—No lo creen así sus partidarios: será votarlo y se acabarán todos los males.
—Eso le dijo San Pablo al carcelero cuando el terremoto. Los cristianos nos lo repiten a menudo dos mil años después.
—No entiendo.
—Quiero decir que la fe lo aguanta todo. Miren un ejemplo: el nombre del partido. Vacilaron al principio: ya no.
—Unidos Podemos. ¿Qué tiene de malo?
—Nada: que es gramaticalmente ortodoxo. ¿Cuántos parroquianos de Podemos han reparado en ello? Muy pocos. Y, sin embargo, para muchos la piedra de toque diaria del progresismo es el lenguaje no sexista. La paja y la viga: las trampas de la fe.
—Hombre, don Juan, que la o es un bonito corazón multicolor…
—Pero es una o.