jueves, 13 de agosto de 2015

Lecturas de don Juan: 'El canon abierto'

El canon abierto. Última poesía en español (1970-1985)
Remedios Sánchez García
Visor Libros
Madrid, 2015


Don Juan es viejo: unas veces lo lamenta y otras no. Suele haber un punto en que los viejos se desentienden de la actualidad, se repliegan en el pasado como los caracoles en la concha, y algunos, aun sin conocerlo, descalifican el presente con acritud inmerecida y muy desagradable. Don Juan confía en no llegar a tanto; sin embargo, es cierto que —en poesía, en música, en cine...— está muy poco atento a las novedades. De cuando en cuando trata de remediarlo. Este libro es, por ejemplo, una medicina contra la vejez. ¿Eficaz? No está seguro.
La antología que don Juan lee ahora aspira a entresacar —de entre la innumerable multitud de los poetas: a ellos se refería Dios Padre cuando le prometió a Abraham una descendencia mayor que las arenas del mar— cuarenta nombres ¿jóvenes? que quizá perduren. Puede ser. El método, en principio, parece atractivo —aunque caiga en extremos ridículos: ¡Ah, el notario!; los resultados, en cambio, a don Juan le parecen desiguales. Y el estudio introductorio —menos mal que en la primera lectura se lo saltó— es anodino, pedante y redactado en esa prosa rutinaria, convencional y sembrada de muletillas cargantes, en que se ha convertido la literatura universitaria. Eso, por no hablar de alguna que otra falta de ortografía y de bastantes solecismos odiosos.
En fin, el caso es que a don Juan le ha servido para conocer a algunos poetas de los que no sabía nada, lo cual no es poca cosa.
El libro está editado por Visor —con todo lo que ello significa para bien y para mal—, y cuesta catorce euros.
He aquí un poema cuya autora le era completamente desconocida a don Juan:
XI
¿Quién golpea con su espada los bordes de la luz?

Palabras que se yerguen
como pequeños dioses olvidados,
bocas que anuncian el estallido de una fuente subterránea,
rumor de piedras que van a desprenderse
desplazando el grito y la sed.

Vocales siniestras
de una lengua imposible.
                                  LUCÍA ESTRADA