jueves, 6 de agosto de 2015

Lecturas de don Juan: Aldo Leopold

Una ética de la tierra
Aldo Leopold
Catarata
Madrid, 2005


En la estela de Thoreau está Aldo Leopold. Si se hubieran llegado a conocer, indudablemente habrían congeniado, pero, cuando nació Leopold, Thoreau llevaba cinco años muerto. Leopold vino al mundo, pues, el año 1887, en Iowa; estudió ingeniería de montes en Yale; desarrolló la actividad profesional en los bosques de Nuevo México; cuando problemas de salud le impidieron continuarla, fue profesor universitario en Wisconsin; en 1935 compró una granja en Baraboo, en la comarca conocida como los Condados de Arena; ayudado por la familia se dedicó a recuperarla de acuerdo con las ideas preservacionistas; murió en 1948 mientras ayudaba a apagar un fuego en la granja vecina.
Si Thoreau había escrito que quería considerar al hombre como habitante o parte de la Naturaleza, más que como miembro de la sociedad, Leopold insiste y amplía esta idea cuando afirma: Una ética de la tierra cambia el papel del homo sapiens de conquistador de la comunidad terrestre por el de mero miembro y ciudadano de ella. Ello implica respeto hacia los otros miembros y también hacia la comunidad como tal.
Y precisamente Ética de la tierra se llama este libro, que incluye tres escritos distintos de Leopold: Un almanaque del condado arenoso, donde —por meses: de ahí el nombre— nos cuenta la vida y los aprendizajes que hace en Baraboo; Bocetos de aquí y de allá, fragmentos de una autobiografía; y Una ética de la tierra, ensayo de corte filosófico que compendia las ideas preservacionistas del autor.
Los problemas que plantea Leopold son serios y trascendentes, darían para muchas páginas —y las consecuencias que algunos han extraído de sus ideas, para bastantes más—, pero don Juan quiere hoy llamar la atención sobre el Almanaque: es una verdadera joya de escritura, de lirismo emocionante y nada de cursilería, que nos mete en la granja con toda naturalidad y, sin moralina, alecciona e ilustra de una manera literariamente formidable.
El libro, además, tiene una introducción estupenda de Jorge Riechmann, que es el responsable de la edición, y cuesta menos de 10 euros. No hay excusa para no leer esta piedra angular del ecologismo.