domingo, 31 de mayo de 2015

Resultados

La noche electoral, como todas, me acosté pronto. Tenía pensado aguantar hasta los resultados finales, pero la tercera vez que en la televisión llamaron pírrica a la victoria del Partido Popular el sueño se apoderó de mí sin que pudiera remediarlo. A otro día me despertó la radio con su ración enfática de lugares comunes. Compré el periódico, eché un vistazo a las portadas de los demás y constaté, ¡otra vez!, aquello del color de los cristales. Ya en el trabajo, le puse un correo a don Juan a ver qué opinaba.
El lunes don Juan estaba en Leópolis (Lviv, Lwów, Lvov, Lemberik, Lemberg...), la ciudad ucraniana por donde pasa el meridiano, tantas veces sangriento, que separa Oriente y Occidente. A punto de subirse a un avión para volar a Viena, y después de recomendarme que leyera el libro de Jean Meyer La gran controversia —Tusquets, 23 euros, la mitad en electrónico—, que explica muy bien el largo divorcio entre europeos orientales y occidentales, me escribe:

Querido amigo:
Gracias a Dios no ejerzo de analista político —me libro así de encenagarme en algunas tonterías—; pero, ya que me pide usted opinión sobre las elecciones en Almagro y puesto que no tengo cosa mejor que hacer en este desangelado aeropuerto, allá va. Le advierto, sin embargo, que no conceda demasiada importancia a lo que digo: tiene la misma que la de cualquier almagreño que a estas horas se disponga a tomarse unos vinos con que aliviar el tránsito por este valle de lágrimas que llamamos mundo. Esto veo:
Almagro sí puede se ha quedado donde preveíamos, en unos pocos cientos de votos que le dan para un concejal. El resultado es muy bueno teniendo en cuenta de dónde partían y los pocos medios de que han dispuesto. Si a ellos les parece corto, se debe sin duda a desmesuradas expectativas: iluso se llama en nuestra lengua al que se hace excesivas ilusiones.
Los resultados de Ciudadanos me han sorprendido. No creía yo que hubiera tantos almagreños —más de mil— conservadores que fueran a descartar el original en favor de la copia. Debemos buscar la causa en la fatiga de Maldonado, en el atractivo personal de Galán y en una campaña buena y con bastantes medios —¿de dónde habrán salido?—. Sin embargo, el excelente resultado no les servirá de nada: han logrado que el Partido Popular pierda las elecciones, sí, pero no han llegado a ganar, ni siquiera a hacerse imprescindibles. ¿Se conformarán con ello? Lo iremos viendo.
El Partido Popular es el gran perdedor, sobre todo si comparamos los cuatro concejales de hoy con los nueve de 2011. ¿A qué se debe? A errores propios. La suficiencia con que han administrado mayoría tan grande, la descoordinación del equipo, la falta de un liderazgo firme, el cainismo de algunos... y el desgaste del partido en toda España. Ambas cosas les deberían servir para reflexionar: Si Dios os da la victoria, no abuséis de ella, dijo el califa. Ahora bien, les honra haber aceptado muy dignamente la derrota.
El resultado del PSOE no es brillante: ni siquiera, favorecido por la división de la derecha, ha llegado a los seis concejales. ¿Por los candidatos, por el partido, por el programa? No lo sé. Sin embargo, es el ganador de las elecciones y puede perfectamente gobernar; hace no demasiados meses a todo el mundo le parecía muy improbable. También esto da para pensar un poco. Otro día será.
¿Qué pasará ahora? Me atrevo a pronosticar —habiendo visto lo que hemos visto no es un pronóstico muy arriesgado, lo reconozco— que no habrá pacto entre el Partido Popular y Ciudadanos; que tampoco lo habrá entre el PSOE y Podemos; que Reina será alcalde con seis votos; y que los socialistas gobernarán siendo la minoría mayoritaria. Si es así, deberían hacerlo con tacto, con habilidad y con cintura. ¿Serán capaces?

Y yo añado otra pregunta: ¿Penderá sobre sus cabezas la moción de censura? Cuatro años son muy largos; ambiciones no faltarán; presiones superiores, tampoco; alguien puede tener la tentación de remover obstáculos... El tiempo que ahora empieza no será aburrido.